Voy revisando mis fotos con calma, en orden, sin saltar días, y hasta ahora llegué hasta las que saqué el 19 de junio del 2016. De todo ese recorrido, 754 imágenes decidí que merecen quedarse en mi archivo. De ellas, solo un puñado —las que cuentan lo que me atrapó de cada lugar— encontró su lugar en el mapa. El proceso continúa, foto a foto, hacia lo más reciente...
Hay cuatro pasos que trazan el camino completo de mi flujo: desde el momento en que una imagen entra en mi vida, hasta que se ancla en el proyecto con intención y ubicación precisa. La captura y organización conforman el primer terreno físico y de archivo, donde cada imagen transferida se ubica en su jornada correspondiente, como rastro de un día concreto, de una experiencia vivida. La curaduría actúa como la fase crítica, donde mi mirada interpreta y define qué merece quedarse y bajo qué forma. La edición es la etapa artesanal, en la que intervengo con decisión estética para potenciar o acompañar lo que la imagen ya contiene. Y la geo-ubicación con publicación no es un simple cierre, sino un acto de emplazamiento: ahí se ancla la imagen en el espacio, se vuelve parte del territorio visual recorrido, del paisaje pisado.